lunes, diciembre 13, 2010

Richard Kelly - The Box

"La inteligencia del planeta es constante, y la población sigue aumentando."
                                                                                            Arthur C. Clarke

Como dato anecdótico pero no por eso menos significativo, vale recordar que esta caja misteriosa surge en la mente de  Richard Matheson, en la historia corta “Button Button” allá por 1970. (Matheson es el autor de “Soy Leyenda” entre otras novelas y cuentos cortos de ciencia ficción y horror). Luego fue adaptada en un capítulo de La Dimensión Desconocida, en 1986, con el mismo nombre, pero distinto final.
Richard Kelly toma esta idea y a partir de ella dispara varias líneas: la ciencia como lo que una vez se llamó magia, el hombre imperfecto frente a una raza superior que lo pone a prueba, y el determinismo que sigue nuestros actos, entre otras que un ojo observador pueda desentrañar.
Al principio el misterio es bastante concreto, en un momento se va por las ramas y parece que la película se perderá en una maraña de incertidumbre muy difícil de resolver, sin embargo el final es tan rotundo que funciona y a su manera, cierra.
Un matrimonio feliz se ve acorralado por circunstancias agobiantes (como le pasa a la mayoría). Un día como cualquier otro, un hombre se presenta a su puerta, les entrega una caja de madera con un botón rojo y les dice que si lo presionan recibirán un millón de dólares. El truco está en que al hacerlo, alguien que ellos no conocen, morirá.
Todo comienza con una sencilla transacción comercial donde aquello que no afecta directamente parece carecer de peso. Siempre hay un “a cambio de…”, es como una regla implícita que la mayoría de las veces se anula en la más esperanzada búsqueda de plena libertad de acción.
Recordando otra historia, podemos decir que aquí se suman una serie de eventos desafortunados, más un puñado de buenas pero desmoralizadas intenciones que progresivamente se convierten en mera desesperación… y  voilà tenemos una muy borrosa línea divisoria entre el bien y el mal, entre “soy responsable de mis actos” y “hago lo que puedo para sobrevivir”. Lo que el espectador puede plantearse es si se trata de egoísmo, de individualismo, de condición humana o tan solo de un momento de debilidad y su cadena de consecuencias. La catástrofe generada en unas horas de sincronicidad.
La fuerza impulsora es la presión de una situación sin salida y el elemento que provoca la avalancha es al mejor estilo bíblico, la mujer. Ella toma las riendas del asunto para salvaguardar la integridad de su hogar y con lo que le parece una pequeña e insignificante acción, desata su propia ruina.
Hay alguien observando y provocando mientras una, tras otra, tras otra decisión humana errada, hacen que no queden más humanos para decidir.
Es una película de ciencia ficción, que una vez más, viene con alienígenas incorporados, tecnología prácticamente inverosímil y poderes que superan nuestro estructurado entendimiento. Pero la clave es que más allá de todo eso… no hay ningún más allá. Tan sólo el cercano, mundano, y no tan complejo mecanismo de la mente humana y su lucha constante contra sí misma.

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