sábado, mayo 15, 2010

The Wrestler - Darren Aronofsky


Anoche vi El Luchador, película dirigida por Darren Aronofsky (Réquiem por un Sueño y La Fuente de la Vida) y protagonizada por el impresionante nuevo rostro de labios inflamados de Mickey Rourke.  En principio no pude dejar de pensar en que sería una versión de lucha libre de Rocky, pero me equivoqué. Es inevitable hacer esas asociaciones cuando uno ve una película de boxeo o en este caso de lucha, cuando estamos frente a un hombre que pareciera estar más cerca de ser un saco de huesos que un individuo como cualquier otro que nos cruzamos en la calle de camino al trabajo. Vemos al abogado, al contador, al ingeniero, al arquitecto, al bancario, al comerciante, al obrero, al taxista, al camionero, al empleado de oficina, con sus atuendos propios a su labor, concentrados en trámites, en planos, en estrategias de negocio, en cómo será ese día de trabajo, en si habrá mucho tránsito, si el jefe estará de buen humor, etc. Y todos ellos son luchadores a su manera. Pero difícilmente nos encontremos o nos imaginemos el día de trabajo de un luchador/ boxeador que se gana la vida en un ring. En las heridas que quedan al final de una pelea, en lo que implica aguantar los golpes, en el dolor físico, y las consecuencias a largo plazo.
Mickey Rourke era la elección perfecta para este personaje miserable, limitado, determinado por su elección de vida. Un hombre que está solo, que no tiene afectos porque los ha dejado en el camino y cuando trata de recuperarlos se choca con la pared de su propia incapacidad para incorporarlos a su vida. Está encerrado en el único lugar donde se encuentra a sí mismo, en el espacio de un cuadrilátero.
 Aquello a lo que el hombre se dedica es su oficio, lo que aprende a hacer, lo que aprende a ser. Me acuerdo que le preguntaba a mi viejo cuando era chica, por qué era panadero. Los padres de mis amigas eran profesionales que se dedicaban a trabajar en oficinas y demás, mientras que mi viejo trabajaba en una cuadra cubierto de harina, en cuero y sudado todo el día, y su respuesta fue “porque es lo que sé hacer”.  Mientras miraba la película no podía dejar de pensar en esto, cuando Randy trataba de emplearse en cualquier otra cosa para ganarse unos pesos y simplemente no era él, no era lo que sabía hacer, y tarde o temprano tenía que volver a luchar, aunque le costara todo. Por más que trate, por más que se lo pidan sus seres queridos, por más que todo dependa de eso. Está solo en ese lugar que es el suyo y que quizás nadie más entienda.