domingo, febrero 13, 2011

Red Social

Título original: The Social Network
Género: Drama
País: USA
Director: David Fincher
Guión: Aaron Sorkin
Reparto: Jesse Eisenberg, Andrew Garfield, Justin Timberlake

Red social es una película, cómo todos saben, acerca de los creadores de facebook, y más particularmente de Mark Zuckerberg, brillantemente intrepretado por Jesse Eisenberg (Adventurland y Zombieland). 
Escuché decir a algunas personas que no les interesaba ver la película dado que no entendían internet y mucho menos facebook.  Sin embargo el film no se basa en la mecánica cibernauta ni las conexiones que la red social permite, si bien la terminología técnica abunda. Sería como ver una película acerca de un complot corporativo en el que tampoco entendemos gran parte de los términos que se usan pero donde la trama pasa por otro lado, y la seguimos desde allí.
La película es un momento extraído de una era, que la ejemplifica con mucha claridad. Se trata de la herramienta que conecta al mundo, que ha transformado la forma de comunicarse para la mayoría de las personas.
Jesse Eisenberg dice más palabras por minuto de las que uno podría imaginarse humanamente posible, al mismo ritmo, con el  mismo tono y las misma nota de desinterés porque se lo entienda o no. El personaje pareciera tener más cerebro que emociones, demasiado sumergido en su propio mundo como para compartir el de los demás. Se podría encontrar una ironía y a la vez una alegoría entre este ser incapacitado para relacionarse socialmente que termina, por despecho, convirtiéndose en el creador de la red social más revolucionaria hasta la fecha.
 Y si volvemos a la idea de la representación de una era, vemos sutil e inteligentemente plasmado el trasfondo,  donde el constante bombardeo de información, la velocidad en las comunicaciones, la absoluta y globalizada conectividad, no contribuye necesariamente a reducir la soledad de los individuos. El final, donde vemos a Zuckerberg haciendo click tras click para actualizar el perfil de Facebook de la novia que lo dejó al comienzo de la película, y ver si acepta su solicitud de amistad, es más que elocuente.


 http://www.youtube.com/watch?v=w_zL_l5ox6I&feature=fvst

lunes, diciembre 13, 2010

Richard Kelly - The Box

"La inteligencia del planeta es constante, y la población sigue aumentando."
                                                                                            Arthur C. Clarke

Como dato anecdótico pero no por eso menos significativo, vale recordar que esta caja misteriosa surge en la mente de  Richard Matheson, en la historia corta “Button Button” allá por 1970. (Matheson es el autor de “Soy Leyenda” entre otras novelas y cuentos cortos de ciencia ficción y horror). Luego fue adaptada en un capítulo de La Dimensión Desconocida, en 1986, con el mismo nombre, pero distinto final.
Richard Kelly toma esta idea y a partir de ella dispara varias líneas: la ciencia como lo que una vez se llamó magia, el hombre imperfecto frente a una raza superior que lo pone a prueba, y el determinismo que sigue nuestros actos, entre otras que un ojo observador pueda desentrañar.
Al principio el misterio es bastante concreto, en un momento se va por las ramas y parece que la película se perderá en una maraña de incertidumbre muy difícil de resolver, sin embargo el final es tan rotundo que funciona y a su manera, cierra.
Un matrimonio feliz se ve acorralado por circunstancias agobiantes (como le pasa a la mayoría). Un día como cualquier otro, un hombre se presenta a su puerta, les entrega una caja de madera con un botón rojo y les dice que si lo presionan recibirán un millón de dólares. El truco está en que al hacerlo, alguien que ellos no conocen, morirá.
Todo comienza con una sencilla transacción comercial donde aquello que no afecta directamente parece carecer de peso. Siempre hay un “a cambio de…”, es como una regla implícita que la mayoría de las veces se anula en la más esperanzada búsqueda de plena libertad de acción.
Recordando otra historia, podemos decir que aquí se suman una serie de eventos desafortunados, más un puñado de buenas pero desmoralizadas intenciones que progresivamente se convierten en mera desesperación… y  voilà tenemos una muy borrosa línea divisoria entre el bien y el mal, entre “soy responsable de mis actos” y “hago lo que puedo para sobrevivir”. Lo que el espectador puede plantearse es si se trata de egoísmo, de individualismo, de condición humana o tan solo de un momento de debilidad y su cadena de consecuencias. La catástrofe generada en unas horas de sincronicidad.
La fuerza impulsora es la presión de una situación sin salida y el elemento que provoca la avalancha es al mejor estilo bíblico, la mujer. Ella toma las riendas del asunto para salvaguardar la integridad de su hogar y con lo que le parece una pequeña e insignificante acción, desata su propia ruina.
Hay alguien observando y provocando mientras una, tras otra, tras otra decisión humana errada, hacen que no queden más humanos para decidir.
Es una película de ciencia ficción, que una vez más, viene con alienígenas incorporados, tecnología prácticamente inverosímil y poderes que superan nuestro estructurado entendimiento. Pero la clave es que más allá de todo eso… no hay ningún más allá. Tan sólo el cercano, mundano, y no tan complejo mecanismo de la mente humana y su lucha constante contra sí misma.

jueves, agosto 19, 2010

John Carpenter - The Fog - 1980

http://www.imdb.com/title/tt0080749/



 
Una  historia espeluznante contada por un viejo marino de barba blanca junto a una fogata sobre la playa…
Lo fantasmagórico se une al misterio y la oscuridad del océano. Un barco víctima de un naufragio a causa de una traición, doblones de oro, un viejo diario escondido detrás de una pared,  un secreto turbio en el pasado histórico de un pueblo, sucesos extraños que dejan intranquilos a un grupo de pobladores a las 12.00 en punto de la medianoche, Jamie Lee Curtis y los acordes estremecedores de la música compuesta por el mismísimo director. El mismo  que mezcla lo terrenal con lo místico, permitiéndonos creer que el mal existe dentro y más allá del hombre. El que nos presenta esa maldad de tal forma, que  aunque no veamos el rostro del atacante y por más precarios que sean los efectos especiales, su criterio hace que sin importar el pedazo de plástico, el brillo fluorescente, los ojos superpuestos, uno se sumerja en la tensión  y el miedo de los personajes, contraiga cada músculo del cuerpo, se agarre fuerte de la manta, sillón, novio o lo que sea que se encuentre al lado y no pueda apartar los ojos  de la pantalla.
 La niebla es la clave, esa blancura espesa y luminosa es lo natural que oculta lo sobrenatural, eso que el hombre apenas puede entender y mucho menos controlar.  Lo que no está ahí, enteramente presente ante nuestros ojos, lo que es una sombra o figura apenas discernible, puede alterar  una mente sensible y una no tanto. En ese lugar todo es posible, el miedo no es ya el producto de una imagen concreta, sino el fruto de lo que nuestra propia imaginación termina de construir a partir de las sombras, o en este caso de la niebla.
Uno mira hacia el horizonte y puede ver un manto blanco que se expande y se acerca, se conforta con la idea de un fenómeno meteorológico que a lo sumo lo privará de visibilidad, así como cuando se produce un apagón y uno sabe bien que se debe a un mero problema técnico. Son esas situaciones corrientes que uno comprende y asume como normales. Pero qué puede ocurrir cuando no lo son? Qué pasa cuando a medianoche todo se desmorona sin aparente explicación? Cuando en medio de la oscuridad alguien golpea tu puerta espaciada e insistentemente con un golpe seco tras otro? Abrirías la puerta y te pararías en medio de la niebla?

sábado, mayo 15, 2010

The Wrestler - Darren Aronofsky


Anoche vi El Luchador, película dirigida por Darren Aronofsky (Réquiem por un Sueño y La Fuente de la Vida) y protagonizada por el impresionante nuevo rostro de labios inflamados de Mickey Rourke.  En principio no pude dejar de pensar en que sería una versión de lucha libre de Rocky, pero me equivoqué. Es inevitable hacer esas asociaciones cuando uno ve una película de boxeo o en este caso de lucha, cuando estamos frente a un hombre que pareciera estar más cerca de ser un saco de huesos que un individuo como cualquier otro que nos cruzamos en la calle de camino al trabajo. Vemos al abogado, al contador, al ingeniero, al arquitecto, al bancario, al comerciante, al obrero, al taxista, al camionero, al empleado de oficina, con sus atuendos propios a su labor, concentrados en trámites, en planos, en estrategias de negocio, en cómo será ese día de trabajo, en si habrá mucho tránsito, si el jefe estará de buen humor, etc. Y todos ellos son luchadores a su manera. Pero difícilmente nos encontremos o nos imaginemos el día de trabajo de un luchador/ boxeador que se gana la vida en un ring. En las heridas que quedan al final de una pelea, en lo que implica aguantar los golpes, en el dolor físico, y las consecuencias a largo plazo.
Mickey Rourke era la elección perfecta para este personaje miserable, limitado, determinado por su elección de vida. Un hombre que está solo, que no tiene afectos porque los ha dejado en el camino y cuando trata de recuperarlos se choca con la pared de su propia incapacidad para incorporarlos a su vida. Está encerrado en el único lugar donde se encuentra a sí mismo, en el espacio de un cuadrilátero.
 Aquello a lo que el hombre se dedica es su oficio, lo que aprende a hacer, lo que aprende a ser. Me acuerdo que le preguntaba a mi viejo cuando era chica, por qué era panadero. Los padres de mis amigas eran profesionales que se dedicaban a trabajar en oficinas y demás, mientras que mi viejo trabajaba en una cuadra cubierto de harina, en cuero y sudado todo el día, y su respuesta fue “porque es lo que sé hacer”.  Mientras miraba la película no podía dejar de pensar en esto, cuando Randy trataba de emplearse en cualquier otra cosa para ganarse unos pesos y simplemente no era él, no era lo que sabía hacer, y tarde o temprano tenía que volver a luchar, aunque le costara todo. Por más que trate, por más que se lo pidan sus seres queridos, por más que todo dependa de eso. Está solo en ese lugar que es el suyo y que quizás nadie más entienda.





miércoles, febrero 10, 2010

Kiyoshi Kurosawa - Bright Future


Si tan sólo flotáramos y brilláramos como las medusas...

Tratamos de identificarnos con nuestro entorno, tratamos de comprenderlo, de manejarlo, de hacerlo entrar en nuestro esquema para que de repente todo tenga sentido y podamos dormir tranquilos, para que lo adverso no altere nuestro sueño. Tratamos, en una ilusión de hacer que el mundo se adapte a nuestra percepción en lugar de adaptarnos al mundo.
Antagonismo entre una generación joven asqueada de la decadencia y caducidad de una generación adulta que no la comprende ni la contiene. Rechazo de toda posibilidad de integración ante la pérdida de identidades y proyecciones. Porque somos jóvenes y bellos en la esencia de nuestro ser y de nuestras capacidades pero estamos cubiertos de una película de miedos y ausencias que nos dejan imposibilitados para conectarnos con los demás, para adaptarnos.
Nimura sueña con un futuro que brilla como las medusas, pero su realidad cotidiana lo supera, su impotencia es más potente y su voluntad no alcanza para sostener el peso de sus sueños. Mamoru lo mira todo desde fuera, es el alter ego material pero a la vez impersonal de Nimura, sus actos son señales, símbolos, hechos necesarios para que los nudos se desaten y lo que tiene que ocurrir ocurra. Un par complementario que sirve de ejemplo para mostrar los efectos de la ruptura de esa paridad, cuando sólo uno debe sobrevivir, adaptarse al entorno, solo. Inventarse y multiplicarse. Abarcar lo que lo rodea, integrarlo, y dejar de ser un ser inconcluso. Dentro de esa integración, la contención externa ya no es necesaria, las identificaciones son superficiales, no hay necesidad del otro. El futuro ya no está atravesado por incomprensiones, miedos e inseguridades, las pesadillas ya no tienen lugar, la claridad se abre paso en un futuro que puede ser brillante.
Bajo la metáfora de la medusa flotamos, pero a la deriva, buscando algo o alguien en qué creer para no caer. Nos aferramos a personas o cosas cual parásito que necesita la simbiosis para subsistir, y que termina siendo una amenaza para el depositario. Porque no somos capaces de dejarnos ir, en nuestra más pura, libre y bella esencia… hacia adelante.

sábado, enero 30, 2010

David Lynch - Mulholland Drive

 
http://www.imdb.com/title/tt0166924/
En un juego de muñecas es la niña que juega la que manipula los roles de los personajes de plástico.
Cómo reconocemos lo real de la realidad que vivimos?
Somos maestros y comandantes de nuestras circunstancias, somos consientes de cuan comandados podemos ser por nuestra inconsciencia y el poder que sobre ella ejercen las personas que nos rodean con la forma en la que pueden afectar nuestras debilidades?
En dos historias paralelas ocurren hechos diferentes que no llevan a ninguna conclución concreta porque lo irreal no puede tener un final real. Lo que nuestra percepción interpreta o deja de interpretar puede crear una realidad alterna pero no puede concluir porque no tiene el poder para hacerlo.
La percepción varía de acuerdo al ojo que mire, el mundo puede ser gigante o diminuto. No sabemos cuán grandes o pequeños somos, cuan arriba o abajo estamos, cuan real o ficticia es nuestra historia porque no podemos ver the big picture, porque no somos más que elementos en un juego de pesos e interacciones en el cual nos movemos de acuerdo a nuestra propia inercia. Podemos vivir, morir y vivir de nuevo mientras se vayan moviendo las piezas y hasta que la balanza deje de balancearse, hasta que el juego de fuerzas encuentre algún equilibrio cósmico y alguien en algún lugar se deshaga en carcajadas.
Nuestros cuerpos terminan por dominarnos o ser dominados por los cuerpos ajenos mientras éstos lo son por algún otro cuerpo del cual muchas veces no nos percatamos. Nuestras mentes intentan tomar el control pero son demasiado pequeñas para abarcar el poder  físico de los cuerpos. Ver, sentir, soñar, recordar, estimular, concretar, satisfacer, experimentar, desear, atraer, rechazar, temer, admirar, resentir, odiar, amar… No son más que la energía que mantiene en tensión las fuerzas entre los cuerpos, que se enredan o desenredan cual hilo de parca más allá de nuestra conciencia. Somos víctimas o victimarios? Somos los autores o los actores? Somos lo que creemos ser?
 Podemos imaginar desenlaces, pero nunca sabremos con certeza a qué mundo pertenecen.

miércoles, octubre 14, 2009

Stalker - Andrei Tarkovsky





http://www.imdb.com/title/tt0079944/

Caleidoscopio en sepia, una obra para contemplar en cada cuadro. Intensidad cromada por sombras y luces que arrastran las emociones por las paredes de las habitaciones. Profundidad existencial en su más lograda forma y claridad descriptiva que fluye por su propia belleza.
El Stalker tiene una familia que ama pero su vida no puede estar completa sin la fe que alimenta en la zona, sin participar de una búsqueda espiritual que lo conecte con algo superior. Él guía a los que también buscan, simplemente brinda el camino y se satisface en la entrega. La visión del stalker es de una sensibilidad pulsante, desde la mirada humilde del que necesita creer, él abraza la posibilidad de esperanza y anhela transmitirla, cual evangelizador en una misión divina.
La zona representa el misterio de lo milagroso, un lugar de sueño o de pesadilla de acuerdo a la arbitrariedad mística de lo inexplicable. La pregunta es: ¿qué ocurre cuando los deseos más profundos del ser humano pueden volverse realidad? Todo depende del nivel de oscuridad o de luz que cada uno traiga consigo.
En la película son tres los personajes que se adentran en la zona: el stalker, un escritor y un científico. Tarkosvsky presenta la tensión de un triángulo, no uno perfecto, no uno divino, sino un más complejo, humano. Un triángulo que es más que la suma de sus ángulos: A vive por su fe, B vive atravesado por un intelectualismo nihilista y C calcula sus pasos sobre el mundo a partir de la lógica más productiva de la ciencia. Los ángulos se oponen, se tensa en un equilibrio de fuerzas antagónicas que exponen sus lados en la lucha por la coexistencia. Unidos por distintas causas en la necesidad de encontrar una verdad o anularla para justificar las razones de su existencia mundana, pero inevitablemente separados por la distancia de su incapacidad para comprender más allá de esas justificaciones. Están cerrados como el triángulo, están sellados en su desconexión, en las limitaciones de su percepción, en la rigidez de sus concepciones.
Lo viejo es duro y lo joven es tierno, dice el stalker, lo duro se encuentra cercano a la muerte, mientras que lo tierno, lo flexible, lo blando es la materia de la vida. El viejo necesita encontrar una verdad de la cual asirse para no caer en el vacío, la joven tiene la respuesta dentro de sí.